Reconciliación total  Opinión  EL PAÍS

Reconciliación total Opinión EL PAÍS

El 1 de septiembre, la cadena COPE transmitió una entrevista de Carlos Herrera con el Papa Francisco, realizada en Roma.COPE EN CADENA / Europa Press

La mayoría de la población probablemente no cree que Dios habla a través del Papa, pero comparte la conveniencia de escuchar lo que dice. Esta vez no habló a través de una parábola pedagógica, pero no es completamente transparente. En una entrevista con la cadena Cope, cuyo accionista mayoritario es la Conferencia Episcopal, vinculó el reciente conflicto político entre los gobiernos de España y Cataluña a la insuficiente reconciliación de los españoles con el siglo XX.

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No es fácil descifrar la relación entre ambos, pero puede ser conveniente señalar los inconvenientes de esta reconciliación, que están menos dañados de lo que se suele creer. Episodios recientes arrojaron luz sobre la conciencia generalizada de la gigantesca catástrofe que fue el franquismo: un pequeño pueblo de Castilla y León quiso arbitrar una especie de referéndum para eludir sin éxito el mandato de la Ley de Memoria Histórica. El vicepresidente Francisco Igea de Ciudadanos logró evitar la confusión del manejo de las emociones individuales con el cumplimiento de una ley justa y necesaria.

Pero este no es un conflicto de reconciliación con el pasado, sino con el presente. Después de muchos años, dos gobiernos socialistas intentaron restaurar la dignidad de los derrotados, acosados ​​con impunidad por la dictadura e insuficientemente protegidos durante muchos años en democracia. Ya no hoy: el presente ha restituido el derecho a un entierro digno para las víctimas del impulso vengativo de la dictadura y la Guerra Civil. La reconciliación es franca y explícita entre los españoles sobre la base de la ley, se sienta cada vecino más o menos satisfecho con ella.

Otra cosa es la asimilación profunda de la multiplicidad de la sociedad española y las graves dificultades que han tenido y siguen teniendo la extrema derecha y gran parte de la derecha secuestrada para identificar esta diversidad de lugares de origen y mestizaje vital y cultural. Las aspiraciones independentistas no parecen ancladas en el pasado de la dictadura, aunque existe una extraña dependencia emocional de la izquierda para reclamar el separatismo. Quizás el legado más visible del antifranquismo en la actualidad es la asimilación de los reclamos de independencia como demandas de izquierda, cuando pueden ser de izquierda, de derecha o solo nacionalistas (y, por lo tanto, no exactamente progresistas). Romper el vínculo entre el nacionalismo (catalán, vasco, gallego o español) y los valores de izquierda puede ayudar a satisfacer las demandas del gobierno de la Generalitat, ahora una pequeña mayoría independentista, y las tentaciones unilaterales: estas últimas son las únicas condenas en un entorno democrático.

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