España, derrota para el futuro  Fútbol Eurocup 2021

España, derrota para el futuro Fútbol Eurocup 2021

Esta vez España salió con una cruz sin preocupaciones. No le faltó casi nada ante una Italia muy italianizada, lejos de la versión expansiva que había mostrado en el torneo. El equipo de Luis Enrique se encargó de organizar el fútbol, ​​el de Mancini de gestionar la victoria. Esto requirió penas que España no merecía. Se tiran los dados y se lanzan los malditos guiños de fútbol traviesos. Danny Olmo, el mejor del partido, y Morata, el autor del sorteo, fallaron. La Roja no aprovechó su control y cayó a tierra. Pero hay altibajos. El del grupo progresista no sugiere ningún defecto. El equipo está creciendo y Pedry, Unai, Olmo y compañía ahora pueden anunciar sin dudarlo: ¡Asiste! Habrá características para mejorar, la mayoría de las cuales vienen desde el principio, pero hay una canasta y un consorcio de jugadores que se han llevado muy bien.

Contra Italia, que llegó a la cita con 32 partidos sin derrotas y 13 éxitos consecutivos, la joven España no dudó nunca, que nunca fue superada. No por la importancia del cartel, para muchos la máxima estrella de su principal carrera. Hizo girar la pelota y se jodió la mandíbula sin ella. Problemas para Italia en todos los sectores del juego, sin apoyos con el balón en los pies del rival y sin periscopio para doblar la aplastada defensa española, defensa muy avanzada y con Unai Simon en campo abierto.

El equipo de Mancini, más incómodo que nunca en el torneo, no pudo encontrar a Veratti, Barrella no estaba bien y tardó un poco en atrapar una cancha de Insigne. La pelota fue una tortura para los hombres de Mancini, que apenas la resquebrajaron. Nada de esta Italia es tan pintoresca como toda la Eurocopa. Durante la presión, la multitud española la abandonó. De alguna manera Azzurra estuvo de acuerdo consigo mismo: la pelota no será nuestra, es de noche para revelar, solo esperando una chispa. Siempre ha sido el papel de la sostenibilidad.

La España atestada siguió empujando y empujando mientras Danny Olmo navegaba con gran éxito a lo largo del perímetro de Bonucci y Chiellini, dos centuriones. Luis Enrique quiso quitarles una referencia, alguien más estático como Morata. El mismo encuentro que en la final de 2012, cuando Del Bosque tiró a Cesc como un ariete falso. Lopetegui repitió cinco años después, y Asensio de cebo como nueve. En ambos casos, España estaba ganando. Era la época de los incorruptibles Bonucci y Chiellini.

Genial para darse la vuelta y ponerse de pie, Danny Olmo más de una vez tira de la cadena en la espalda del oponente. Un fósforo, de Olmo, para enmarcar. Movible, descarado y picante. Desde Olmo, la selección española rima al son de Pedri, Koke y Busi y Laporte y sus bien dispuestos compañeros de la trinchera. Sólo la apresurada salida de Unai puso a España en alerta máxima. Después de que el portero hiciera un picnic y la casa saliera a la calle, Barella hizo un nudo con el balón. Este era el momento que buscaban los azzurri. Parpadeo fatal del oponente para castigarlo. Está en los genes del calcio, un simposio sobre cómo no perder en 90 minutos y ganar en un segundo.

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Danny Olmo, por supuesto, puso a prueba a Donnarumma con una patada en seco tras un rebote. Al equipo de Luis Enrique, con juicio y hueso, le faltó una marcha más en los metros finales. Más aventurero que Olmo. Sucede que en este último apartado se encuentra la gran complejidad del fútbol. Esto es en la fase final cuando se requiere más delicadeza. Y cuando se trata de Italia, Chiellini y toda una vida.

Equipo sin arrugas

De regreso del intermedio, Italia tuvo una entrada más suave. Supo rastrear mejor los espacios en ataque y por un tiempo pareció que no había tanto descontento con el balón. España no cambió, que siguió su camino, aunque tuvo que redoblar su vigilancia. Busquets falló un disparo con el dedo meñique justo antes del gol italiano. El peor partido del grupo español. Un pase de Donarumma, tres toques y un bingo de Chiesa, que metió la pelota a la perfección en la red. Italia pura, que históricamente sancionó sin previo aviso. Una de tus monedas favoritas. Ventajosamente, volver al enchironamiento.

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Luis Enrique dio paso a Mora, quien rápidamente se incorporó al juego. España pasó a recoger el balón y no encoger antes de frotar. Pero el tiempo se estaba reduciendo. Y contra Italia, esto suele ser aún más débil. No fue por Danny Olmo, el buque insignia de la noche. Más intrépido que nunca, el catalán fue el corneta español. Sin una sola arruga frente a los alguaciles italianos, Olmo golpeó y golpeó, con tanta determinación como agudeza. Un disparo se deslizó por la tierra. Pero luego supo sortear el campo minado con un muro lacónico y afilado con Morata. El madridista atacó el área como si fuera un convoy en sí mismo, y tras el control enderezó el balón a las redes de Donarumma, orientó con el pie derecho y remató con una patada con el pie izquierdo. Un lanzamiento colosal para Mora, la culminación de un impacto imborrable para Danny Olmo. Y el billete español para otra prórroga, que el equipo con bastante valor no se merece. Si Italia. Sin disimulo, quiso que ese fuera su destino, al abrigo de Bonucci y Chiellini. El que realmente se rebeló ante un desenlace fatal fue Olmo, que puso el listón muy alto para el gigante Donnarumma con una falta lateral lanzada con muy malas uvas. Sin cura. Llegaron las penas y … Pena máxima para España con desplazamiento.

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