El baño de sangre de la represión policial en Colombia  Opinión

El baño de sangre de la represión policial en Colombia Opinión

Un soldado custodiaba la fiscalía de Popayán en el suroeste de Colombia el 15 de mayo.Eric Serna / EFE

Una ola de protestas sin precedentes estalló en Colombia el 28 de abril. Quizás el punto de comparación más cercano sea 1978, año de la última gran huelga nacional. El país tiene 1.122 municipios, y el 28 de abril hubo protestas y manifestaciones en al menos 564 de ellos, según datos de la Fundación Paz y Reconciliación. A partir de ese momento, las manifestaciones fueron constantes y los jóvenes fueron los protagonistas. Bloqueos, sentadas, procesiones y actos culturales son el denominador común.

El gobierno de Iván Duque no lo esperaba y quedó totalmente desplazado. Después de días de desorientación, la administración de derecha optó por idear cuatro estrategias para poner fin a la huelga nacional. Entre ellos, la estrategia principal fue lo que es popular como el modelo de Venezuela o el modelo de Nicolás Maduro. En otras palabras, detener las protestas con altos niveles de violencia. La tarifa es terriblemente trágica: decenas de víctimas.

La Modelo de Venezuela implementado por el gobierno del Duque tiene tres fases. El primero se basa en la fuerte represión de la protesta social por parte de agentes estatales. Los datos en Colombia son simplemente espantosos. Según la ONG Temblores, hubo 41 muertos, 12 agresiones sexuales, 28 personas fueron agredidas frente a sus ojos, 129 casos de disparos por parte de la policía y más de mil detenciones al azar. Todo lo que se alega cometido por miembros de la Policía Nacional. En ejercicio comparativo, los datos son muy altos en Colombia.

Por ejemplo, durante las protestas en Perú fueron asesinados Brian Pintado e Inti Sotelo, lo que provocó la caída del presidente Manuel Merino, quien duró cinco días en el poder. En Chile, durante todas las protestas que estallaron en 2019, hubo 36 muertes, incluidas seis en el contexto de enfrentamientos con las fuerzas del orden. En Colombia, 41 jóvenes fueron asesinados en solo dos semanas de protesta. Quizás el caso más desviado ocurrió hace apenas unas horas, cuando una menor de 17 años fue violada por cuatro policías y se suicidó horas después. Esto sucedió en Popayán, en el suroeste del país, lo que provocó que la ciudad estallara de rabia.

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La represión fue brutalmente violenta, pero fue solo una fase. El segundo comenzó hace apenas una semana: a través de WhatsApp se comenzaron a enviar mensajes a civiles para plantar cara a los participantes en la marcha y agredirlos. Ponga civiles contra civiles para luchar. Esto se experimenta principalmente en Kali, cuando los civiles atacan al mingo local. Aún no está claro dónde y cómo comenzaron estas cadenas, lo cierto es que cuando se iban a producir estos enfrentamientos, la policía simplemente desapareció. Ni la primera ni la segunda fase funcionaron. De hecho, este último fue un gran fiasco.

La tercera fase de esta estrategia es la condena. En la localidad de Popayán, el ministro de Defensa ofreció recompensas por capturar a presuntos vándalos. Sin embargo, mencionó los apodos de los presuntos vándalos, que coincidían con los apodos de los líderes sociales tradicionales de la región. Esta situación provocó la reacción del gobernador del Cauca, quien pidió aclaraciones e ignoró esta oferta de premios. Para las organizaciones sociales, esta es una persecución del gobierno nacional para desbaratar el movimiento social.

La represión policial lleva años, pero esta vez las cosas han cambiado. Por un lado, todos los gobiernos acusaron a los manifestantes de estar infiltrados por la guerrilla para deslegitimar y demonizar la protesta social. Esta vez intentaron hacer lo mismo, pero nadie les creyó. De hecho, las manifestaciones más importantes se llevaron a cabo en zonas donde no operan los grupos armados ilegales. Por otro lado, la violencia policial esta vez fue muy grande, sistemática y en su mayoría visible. La mayoría de los abusos policiales se registraron en videos de ciudadanos. La crisis de legitimidad es muy grande y la mayoría de los ciudadanos piden una reforma policial en profundidad. Quizás el tema principal sea quitar la jurisdicción penal militar a un organismo que, en teoría, debería ser civil.

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