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DESAPARECIDO EN TENERIFE |  Los últimos pasos de José Antonio, desaparecido en Tenerife, humillado y acosado por ser gay

DESAPARECIDO EN TENERIFE | Los últimos pasos de José Antonio, desaparecido en Tenerife, humillado y acosado por ser gay

20/03/2023 a las 05:00

HEC


Tomó café con su novio en un bar de La Laguna, salieron juntos de allí. Lo que ocurrió luego no está claro. Ocho días después, apareció el coche del hombre a 28 kilómetros de distancia

«Te vas a quedar solo, maricón», «¡Mariquita… José es mariquita!». Todos en La Orotava (Tenerife) creian conocerlo, pero nadie sintio su dolor. Su vida nunca fue fácil. Desde niño creció marcado por el odio. Su delito: ser homosexual. «Cada uno está con quien quiera, José», dijo su hermana Conchi, cuando le contó que había enamorado de un chico, «lo importante es ser feliz». José Antonio no lo fue.

Creció solo, cohibido, «humillado» y «acosado» en el colegio y en el barrio, y eso le marcó. En 2013 se presentó un trastorno bipolar. Sus estados de ánimo, cambiantes, intensos -casi extremos- le acompañaron desde entonces. Tres años más tarde, se perdió su rastro: José Antonio Martín Pérez, 39, disparecido con su coche, un Opel Astra de color negro. Se ruega colaboración. Los que lo insultaban no lo buscaron. Su familia experimentó con la misma soledad.

«Han pasado casi 7 años y el dolor es insoportable», resume su hermana Conchi. Buscan y no se encuentran, desde aquel 5 de junio de 2016 en que su hermano salió de casa: «estaba normal». Saben que tomó unos dulces y un café cortado en un bar con su pareja. Nada se supo de él hasta ocho días después, cuando un testigo afirma que lo vio junto a su coche. Finalmente, apareció el vehículo solo, bien aparcado. A José Antonio nadie lo volvió a ver.

La búsqueda de José Antonio es activa unos días después. | CASO ABIERTO

Un cafe, un dulce y nada mas

Domingo, 5 de junio de 2016. José Antonio venta de casa. Ha quedado con D., su pareja desde hace 8 años. No está triste ni enfadado, está bien. «Joselillo», como el llama en casa, montó en su autocar, un Opel Astra en color negro. Tenía media hora de trayecto, los casi 30 minutos que separaban su vivienda en La Orotava hasta La Laguna, donde quedó con D.

Su pareja ofreció tres versiones distintas: ninguna de ellas aportó información que pudiera reconstruir los pasos de José

«José no llegaba a casa», reconstruye Conchi. «Mi madre lo llamaba… y saltaba el buzón». No era habitual, pero decidieron esperar. «Mi padre estaba en cama, tenía Alzheimer, murió un año y medio después». El día 8, sin respuestas, acudieron a denunciar. «Mi madre no pensó nunca que a mi hermano le hubiera ocurrido algoPensaba que volvería… Ella era más inocente, yo enseguida presentí que había algo feo, algo que no iba bien», lamenta su hermana.

La Guardia Civil reconstruyó sus últimos pasos. Llegaban hasta el bar. El dueño de la cafetería de la Plaza de la Concepción (en La Laguna) confirmó que José y D. estuvieron un rato y salieron juntos del local. El resto, se lo preguntaron a D. No ayuda.

«Es chico da Varias versiones de lo que hizo José después de que se despidieran«, lamentó Conchi. «A mi madre le dijo que mi hermano tenía las manos sudorosas, estaba agitado y se largó… A mí me dijo que José aparcó frente a su casa y que, cuando fue a coger el coche, vio una finca medio rara, unos chicos raros y que él se fue». aportaría otra versión distinta: «que jose csabemos que tiene un hombre, que los ultimos 500 euros los cumple en una casa«.

La Guardia Civil no pudo verificar nada más. «Este chico está medicado, tiene un trastorno y confunde cosas… Recuerdo que a las 72 horas de que denunciáramos él vino a casa, estábamos todos llorando, atacados… D. entró y dijo: ‘me voy, no tengo nada más que hacer. Hace 72 horas, no me interesa «». Nunca volví a ayudar.

Nuevo proyecto 2023 03 14T163015.652 | CASO ABIERTO

«Se lo han comido los peces»

La búsqueda arrancó tarde y fue fugaz. «Su hermano se ha ido voluntariamente, me dijeron». La familia no daba credito. «Voluntariamente o no, mi hermano tenia diagnosticado un trastorno bipolar. Es una desaparición de alto riesgo, no tenía medicación«. Las batidas las organizaron la familia, el dispositivo lo formaron solo tres personas: «mi madre, mi prima y yo».

Miraron en casas okupas, en pantanos, plataneras y barrancos. «Nos sentimos solas, mucha gente del pueblo se acercaba y me decía: ‘Si se fue por propia voluntad, ¿qué vas a hacer ya?'». El hueso unos comentarios, denuncia Conchi, legaron con el paso del tiempo: «ha escuchado salvajadas: ‘a tu hermano se lo comieron los peces‘, me han llegado a decir, ‘está secuestrado’, ‘lo mataron y lo hicieron en pedazos…’. No se como consiguió sobrevivir».

Colillas en el coche

Sin noticias, con el teléfono apagado y sin rastro de él, a los ocho días llegó la esperanza. Habían situado en el coche junto al túnel de Martiánez, en Puerto de la Cruz. Nada más llegar, la familia se alertó: «Estaba aparcado perfectamente, y José aparcaba muy mal«.

Se lo contaron a los agentes. Hicieron una batida por los alrededores, la primera con expertos, «durante cinco horas». En el interior del coche no había ningún efecto personal de José, solo el cargador del móvil. «No hay nada de interés, no hay huellas, dijeron los investigadores». Indicaron a la familia que podrían retirarlo. El mismo día lo movieron de allí.

«Lo llevamos al garaje de mi hermana mayor», recuerda Conchi. De camino, vieron colillas en el lado del conduct y en el del copiloto, «¿Cómo que no había huellas? ¡Las colillas! Creo que es imperdonable que no las analicen. Podríamos haber sabido quién estaba con él».

Un testigo: lo han aparcado hoy

Antes de retirar el vehículo, el director de una furgoneta que estaba aparcada cerca del carruaje de José Antonio cerca de la Guardia Civil. «Dice que vio al conductor», reconstruye Conchi. El hombre describe que vio cómo un hombre salió del coche, «que se apoyó en la barandilla y miró hacia arriba». Conchi pretende aconsejar más datos, «si lo vio y era él, quizás podría decir dónde fue, si caminó para el norte, para el sur…». Pero la hermana de José no pudo localizar al testigo, «no the cogieron number ni nada».

«Vamos a sucio, no se asusten»

Se hizo el silencio. El teléfono de José Antonio continuó apagado, aún lo está. Su padre murio. Pasaron los años y no hubo más. «Nuestra cabeza no se detiene nunca. Él no se fue por propia voluntad, eso lo sé. que sabía un lugar donde hacerlo; u homicidio, alguien lo mató».

La familia siguió sola, hasta que en 2019 sonó el telefono. «Nos llamó la Guardia Civil y nos dijo: vamos a salir a buscar a José Antonio, no se asusten si ven helicópteros, buzos… estaremos en El Rincón (Tenerife)».

Conchi recuerda alegría: «aunque fuera un huesito queríamos tener de él para incinerarlo junto a mi padre«. Una prita, un índice, una respuesta. «Mi madre y yo cogimos la guagua, luego mi prima nos llevó a Santa Úrsula, desde donde se ve El Rincón. Esperaron y esperaron.»A mi madre ya mí nos dio una insolación… y nunca fueron. Mi madre llamó al día siguiente. Nos dijeron que no había previsto ninguna búsqueda de José. Encima llamándonos mentirosas…».

José Antonio en diferentes fotos cedidas por su familia. | CASO ABIERTO

«Era bueno, gracias mas»

Hace casi siete años, José Antonio salió de casa con una sonrisa. Se había comprado «unas cholitas (chanclas) y una camiseta para la playa». Nunca regreso. Desde entonces, nada en su casa ha sido igual. «Sabía hacer de todo. Nos cortaba el pelo, nos maquillaba, pintaba la casa, montaba muebles y encalaba la pared».

Cursaba un módulo administrativoel desánimo le hizo abandonar la carrera de Empresariales y Educación Social. Hablaba un perfecto inglés. Ochentero y muy creativo, dibujaba bien. «Era bueno, merecía más y no han sido buenos con él».

«Si está vivo, si no, si alguien lo mató… necesitamos saber», ruega Conchi. Mientras habla, mira sus fotos: «muchas veces pienso que ojala no este en el mar, que si está por ahí, mar en una cuba. Asi puede que algún día alguien caminando, de paseo, pueda encontrar sus restaurantes«. Conchi duerme poco desde entonces, pero sueña a tiempo completo: que lo encuentran, que lo vuelve a ver.