Colombia: Las últimas horas del uribismo  Opinión

Colombia: Las últimas horas del uribismo Opinión

Un oficial de policía lanzó gases lacrimógenos contra los manifestantes durante una huelga contra la reforma tributaria en Cali.Andrés González / AP

En medio de la protesta, su degradación, las violaciones a los derechos humanos, el retiro de la reforma tributaria, parece desbordarse en la copa de la indignación en Colombia y la búsqueda de un camino de consensos, acuerdos y espacios de escucha. Hasta el momento, no puede haber otro camino pero, dentro de las múltiples propuestas que se hacen, existe un texto técnico razonable que permite dar solución a las necesidades económicas básicas que atraviesa el país. Pero esto no es lo más importante. Y el fondo debe hacerse visible o no, y la violencia que se recicla no detendrá el brote.

“Que somos buena gente”, dijo el presidente Iván Duque en un discurso en el séptimo día de protestas en Colombia, cuando muchas ciudades están sin comunicación, sin alimentos y sin oxígeno debido a los bloqueos de gente indignada de diversos sectores. No es fácil comprender lo que quiere decir. Bueno, las llamadas buenas personas reconocen sus errores, castigan a quienes violan los derechos de los demás y no los aplauden.

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Voy por partes porque en este mar de violencia de ambos lados hay varias explicaciones de lo que nos está pasando y las consecuencias. Uno de ellos es que el uribismo está a la vanguardia de sus últimas horas. El golpe a su perdurabilidad en el escenario electoral golpea la calle. El Presidente de la República no cree que les hable gente buena, hambrienta o necesitada, sino violencia amparada por justificaciones políticas, sin decir quiénes son, porque sus sentencias están incompletas o porque tienen miedo de señalar culpables porque ni siquiera sabe quiénes son los matones de los que habla. Y si lo sabe, prefiere hablar desde un costado que desde el frente.

Y es importante decir que se equivoca, porque las decisiones reales dependen de su acercamiento. La protesta es contra su gobierno y es una colección de relatos hervidos ante la decisión de eludir la paz territorial, ante el discurso del Centro Democrático para el Enfrentamiento, de este partido, que niega a las víctimas de la violencia pasada y presente y que ha hecho política. construcción para evitar la distribución de la tierra para siempre, que sus partidarios ni siquiera pudieron mantener, ya que ahora está bajo el control de otras bandas criminales del narcotráfico.

Y por eso su discurso político trata de poner en la misma red, en el mismo saco, anarquistas y grupos violentos con taxistas, comerciantes, estudiantes o camioneros, esa buena gente. Distinguir los motivos significaría reconocer que esta nueva protesta nació tras el asesinato de Javier Ordóñez el pasado mes de septiembre por un policía y que la reforma de la institución no se ha concretado. Hay que reconocer que no hay gobierno ni conciencia para entender que han llegado a gobernar un país que está en profunda bancarrota tras el acuerdo de paz con las FARC y necesita más liderazgo para sanar las heridas.

La CIDH ha dejado claro cuáles son las obligaciones internacionales del país en materia de seguridad interna y estándares interamericanos que establecen las tareas de las fuerzas armadas. Debe ser extraordinario, regulado, controlado y subordinado. Esto es nada menos que el hecho de que Naciones Unidas, el Departamento de Estado, los congresistas estadounidenses y la Unión Europea un día están hablando de lo que describen como brutal y excesivo al lidiar con la protesta. Precisamente porque existe un término llamado proporcionalidad, que debe ser claro para las autoridades llamadas a responder a la institucionalidad.

¿Y por qué es importante poner los puntos en i en este momento? Porque si desde las redacciones que ahora son nuestros hogares a causa de la pandemia, nos dedicamos a denunciar a los jóvenes asesinados por policías sin revelar los rostros e identidades de los violadores de derechos humanos, no haremos nada.

Si tampoco podemos decir que hay una mezcla de atracadores, milicias y disidentes del ELN y otros delitos relacionados con el tráfico de armas y el narcotráfico en violencia de largo alcance, pero no exigimos pruebas a quienes lo condenan, nutrimos dijo al Ministro. de Defensa que todo esto fue una conspiración política criminal. Lo que nos conviene es preguntarle sobre el abuso de las personas que están subordinadas a él y las razones por las que estos delitos pueden desestabilizarlo todo sin que las fuerzas del orden lo impidan.

Las voces que se ofrecen para servir en tiempos de crisis, muchas de las cuales también han contribuido a ello, no entienden que Colombia tiene actualmente una realidad muy compleja, resultado, como escuché de la periodista María Alejandra Vilamizar, “de una democracia en un país que, como muchos otros en América Latina, no da una respuesta real a los problemas de la gente donde se hace poca política, política real ”. Esto no es más que una gira por El Salvador de Naibib Bukele.

Y si el mensaje no es entendido por el uribismo, que incluso en sus fundamentos más radicales en definitiva no pasa por alto a su propio presidente y expone sus discapacidades, el Congreso y su magro trabajo por parte del pueblo con pocas excepciones y los tribunales cooptados por los gobiernos de El día, y los partidos políticos, entre ellos Colombia Humana y su nuevo enfoque del clientelismo, los del cambio radical, los liberales y todo tipo de matices, tendrán que entender que el país está en llamas por todos ellos.

Los espacios de audiencia ciudadana anunciados por Iván Duque son un escenario abstracto, si no con organizaciones sociales, con líderes sociales. Y esto empieza por reconocerlos como interlocutores, como buenas personas. No puede seguir ofreciendo un estado con futuro si no es capaz de reconocer el pasado, el conflicto y si no sale de su presente autista, porque lo cierto es que al menos para el uribismo las oportunidades en Colombia son completas. Ni los países de los llamados Una coalición de esperanza puede condicionar el diálogo cuando de él tienen que salir un mínimo de acuerdos humanitarios para que el oxígeno llegue a los hospitales, donde casi 500 colombianos siguen muriendo por Kovid cada día. No hay tiempo para condiciones ni plazos.

No nos pidas más indiferencia. Ustedes, el gobierno, deben calmarse mientras investigamos por qué la inacción del estado, quiénes son los vándalos, a quién está sucediendo lo que está sucediendo, cómo podemos responder con veracidad a la información que sirve a la gente en este medio de esto. dolor nativo.

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