“Bayer, al separarse de su jefe, quiere restaurar su reputación empañada por Monsanto”

Iuna pelea habrá sido de corta duración. Tan pronto como se anunció la llegada de dos inversores activistas en enero, el consejo de supervisión de Bayer decidió separarse de su jefe. En junio, Werner Baumann cedió su asiento al estadounidense Bill Anderson. Con una delicada misión para éste, restaurar la reputación del mayor farmacéutico alemán, el inventor de la aspirina en 1897, quien vio su imagen empañada por la adquisición en 2016 de la estadounidense Monsanto, propietaria del famoso Roundup al glifosato, el más herbicida famoso y odiado en el mundo, catalogado como «probable cancerígeno» por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer. Después de más de siete años de juicios que le costaron a la compañía más de 10.000 millones de dólares (9.300 millones de euros), es hora de pasar página. Traducido al lenguaje de los accionistas, esto significa subir el precio del mercado de valores.

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La forma más sencilla de hacer esto, y esto es lo que los dos activistas están provocando, es cortar la sociedad en dos, con los productos farmacéuticos por un lado y los agroquímicos por el otro. Claramente, deshaciendo la construcción de Werner Baumann, que no dudó en gastar 63.000 millones de dólares para hacerse con el estadounidense. Además, el perfil del debutante, que estuvo diecisiete años en la suiza Roche, una de las farmacéuticas más reconocidas del mundo, deja pocas dudas a la hora del desenlace de la operación.

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dinero y virtud

La solución de reorientación es siempre la que impulsan los accionistas cuando la bolsa de valores flagela. En los conglomerados, la valoración de las entidades por separado suele ser mayor que el valor del grupo en su conjunto. Vuelta a la actividad histórica de Farmacéutica, que registró muy buenos resultados en 2022.

Pero todo eso es sólo la mitad de la historia. Uno de los dos activistas en movimiento, Jeffrey Ubben, tiene la doble particularidad, con su nuevo fondo, Inclusive Capital, de invertir solo en empresas que tengan un impacto social y ambiental. Y lo que le interesa no es el fármaco milagroso contra las enfermedades del corazón, ¡sino Monsanto! Cree que con el cambio climático el estrés alimentario será tal que será necesario trabajar el doble en la investigación de semillas y sus tratamientos para alimentar a la humanidad.

Es más, cuando el competidor estadounidense de Bayer, Dow Chemical, decidió separarse de su rama agroquímica en 2019, al fusionarla con la de DuPont, explotó en bolsa. Una martingala para los atrevidos que siempre soñarán con conciliar el dinero y la virtud.

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