Waires, un metejon perdurable

Claudio Larrea baraja sus obsesiones con la Ciudad de Buenos Aires en un libro plagiado tanto de afecto como de referencias culturales.

El camino fue un poco del metejón a la realidad. Y otro poco del «romanticismo» al Expresionismo. Así sintetiza claudio larrea el futuro de sus fotografías en la Ciudad de Buenos Aires, protagonistas de su libro de flamencos República de Waires.

Es que el fotógrafo, que se define como un enamorado del Capital, suma tiene sus imágenes de juegos de exquisita geometría y copas como tramas preciosas, tomas en blanco y negro de palacios venidos abajo, de San Martín asediado por nubarrones, de pasajeros de colectivo exhaustos, de cartoneo y de exclusión total.

Larrea (1963) es de Caballito y se fue a vivir a Barcelona en 2001. Regresó en 2010 y no hubo amor a primera vista. Pero recorriendo la Ciudad en bicicleta, junto a su pareja José Manuel, volvió a engancharse con ella. “Hoy sigo enamorado de Buenos Aires –dés à Ñ– pero mi mirada cambió. La curti mas. Volví para estar con mi mamá y desde 2018 vivo un tiempo acá y otro en Tarragona. Esta es mi ‘mater ciudad’ pero lo ríspido apareció”, explicó.

República de Waires alude a ese proceso ya la República de Weimar, establecida en Alemania tras la caída del imperio, entre las dos guerras mundiales. Una época de crisis económica, inestabilidad política y efervescencia artística -que Larrea admiró-, que culminó con el ascenso de la nazismo. His los años de las pinturas ácidas de la sociedad en los cuadros de Ernst Kichner y de la masificación del cine mudo que alimentó el cine negro, entre otras novedades clave.




«Jugendstil», en referencia al movimiento europeo de artes decorativas, obras del libro reconocido del fotógrafo porteño, nacido en Caballito.

Algo de aquella atmósfera y de aquellas críticas –aunque nunca furiosas ni exacerbadas hasta el grotesco, como en los expresionistas típicos– está en las obras de Larrea. Está ahí donde los recuerdos de «Buenos Aires, la Paris latinoamericana» contrastan con postal del abandono y la miseria y con las metáforas de amenazas. Justo donde sus tomas directas, incluso las que evocan escenografías –el autor creó la de María de Buenos Airesde Ferrer y piazzalla, para la Ópera de Estrasburgo – dejan al espectador frente a presagios negros, sin palabras. Larrea comentó: «Como sociedad, somos parecidos a la vaca que patea el balde después de dejarse ordenar».

La competencia María Teresa Constantín escribió para el libro que, ante las imágenes, «es inevitable la referencia al cine alemán, ya la fotografía de lijadora de agosto y su trabajo de documentación sur la gente de su época. Como aquel tiene Larrea el encuadre amplio que, tanto en arquitectura como en retratos, permite algo más del entorno y del lugar de lo fotografiado en la ciudad: las depuradas imágenes de Larrea hacen sospechar siempre que estamos hablando también de cuestiones sociales y políticas » .

La fachada de Edelweiss, según Claudio Larrea.


La fachada de Edelweiss, según Claudio Larrea.

República de Waires posee también algo de fotonovela, agrega Larrea. Lo organizó junto a José Manuel en seis capítulos. El de las instituciones, con sus dioses de piedra. El de la noche, con lunas, cabarets y Edelweiss, el restaurante ubicado cerca del Teatro Colón y de las salas más populares de la avenida Corrientes, «donde a todos esos públicos los iguala el revuelto gramajo». Los ciudadanos, desde el cartonero hasta el soberbio. Colectivo Morfeo. Crisis, con «el que todo lo ve» asomándose desde el desastre a través de un agujero y un cartel con el grito de la medusa que legó Caravaggio. Y «Soledad», con un chico que está fuera de todo: El apátrida.

Larrea recrea un Buenos Aires reconocible y extraña a la vez. En unas pocas fotos, tan enrarecida, que se vulve tenebrosa. El zoom sobre algunas cúpulas hace que, más que maravillar, intimiden. La inclinación de una torre céntrica anuncia el derrumbe. Y estan las sombras.

Eduardo Villar, editor de la sección Arte de Ñ, recuerda, también en el libro, que «la fotografía permite, como ninguna otra de las artes visuales, caminar por el filoso borde que separa la ficción del registro», un borde en el que el autor se mueve con «asombrosa comodidad». Citaba: «Jamás vemos las cosas como son, las vemos como somos», de anais nin.

"Alborada"de Claudio Larrea.


Alborada de Claudio Larrea.

Las obras de Larrea propone otras asociaciones. Algo del espíritu del fotógrafo horacio coppola –gran ojo modernista sobre la Ciudad– y de la Bauhaus que lo nutrió –nacida también en los años de la República de Weimar–, anda entre ellas.

También hay algo de Ciudades invisiblesuna de las maravillas que escribio Italo Calvino. “Tal vez estamos acercándonos a un momento de crisis de la vida urbana y Las ciudades invisibles son un sueño que nace del corazón de las ciudades invivibles”, pensó, y confesó que creía haber creado el último poema de amor a las ciudades. No es exagerado decir que Larrea escribe en esta obra otro fragmento del suyo, dedicado a Buenos Aires.

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