Vuelta a España: En el rebelde y combativo Gamonal, triunfo del "sprint" de Philippsen |  deporte

Vuelta a España: En el rebelde y combativo Gamonal, triunfo del “sprint” de Philippsen | deporte

El belga Alpecin Fenix ​​Jasper Philipsen (3d) gana la segunda etapa de la Vuelta a España.Manuel Bruck / EFE

Entre Kaleruega y los burgos rebeldes y militantes de la comarca de Gamonal, que aplaudieron siempre de rojo a Primos Roglic, secaron la tierra, sembraron rastrojos, sin alma en el campo hirviente del domingo, dormitando y el viento agitando los chopos de las orillas. En Castilla, seca y difícil, el pelotón recorre los caminos de la memoria, de la vida. Pasan por Estepar, donde aún se lucha por identificar a todos los arrojados a las fosas comunes desde el 36, para no olvidar nunca la obligación de recordar. La antigüedad de Rosan, al otro lado de unas colinas y campos de aves rapaces, es la ciudad de Serrato, que erigió un monumento a Lance Armstrong en la carretera donde el estadounidense que volvía a autoinmolarse se rompió la clavícula en 2009.

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El aficionado al deporte en casa recuerda a Torpedo Müller, que perdió la memoria antes de morir, sus goles, la derrota de la gran Holanda por Cruyff y los del ciclismo quieren la victoria de Fabio Jacobsen, que hace un año, el 8 de agosto, en un Sprint salvaje en Katowice casi pierde la vida y 10 dientes y en interminables sesiones quirúrgicas ganó decenas de cicatrices en su rostro y cuerpo atormentado. “Pero sus piernas todavía están fuertes”, dijo el holandés antes de llegar a la Vuelta, que no puede olvidar su caída y todas las noches, dice, lo atacan la memoria y el miedo. “Pero también siento la adrenalina cuando me pongo recto pique”.

Y en la interminable calle Vitoria, Jacobsen, todavía de 24 años, salta toda la adrenalina al volante del australiano Michael Matthews y cree que va a ganar, sentado a la derecha, pero escondido, a la izquierda, le adelanta con el 23. El volante de un año de Jasper Philippsen, otro de los más rápidos de su generación, aceleró resguardado del viento y superó a Sebastián Molano, el colombiano que intentaba predecir la llegada.

El belga, que siempre fue segundo en la gira de Cavendish, casi gana y casi incluso se disculpa por no permitirle a Jacobsen cerrar el ciclo de caídas y recuperación sin fin – más cirugías le esperan en invierno para restaurar completamente su rostro y mandíbula – ganando nuevamente un etapa de la Vuelta, como ganó en El Puig y en Madrid en 2019. “Qué alegría ver a Fabio tan fuerte”, dice Philippsen, ya vencedor de 22 etapas en la última Vuelta. “Es emocionante verlo recuperarse y seguir adelante. Será mi gran rival en los próximos años “.

Con un cambio brusco de plano, sin desvanecimiento, una historia simultánea y diferente, la cámara, el look de la Vuelta a España, se olvida de los velocistas que vienen rápido del Benelux y se dedica a los escaladores, a Menú GC (los que van por el general) dice Roglic, que se aferra a la mascota Vuelta, un toro bravo con botas y quiere escalar el Picón Blanco, en las Merindads limítrofes con Bizkaya. Esta es la primera montaña de la Vuelta, “el primer día que distingue a los mejores”, dice Roglic, el impaciente que habla de Santiago, de la última etapa, que lo importante es salir de esta prueba de tiempo en rojo, pero piensa en la Sierra de Burgos, a la que llega con la ventaja de la cronometría de la catedral sobre todo y unos segundos más sobre dos ingleses, Adam Yates y Hugh Carty, en el podio de esta última Vuelta, que se cortaron al caer de frente – nervios, viento pero no demasiado“A cuatro kilómetros de Gamonal”. “Oh, las caídas son cosas que pasan”, sonríe Roglic, el experto que salió de la gira caído y herido. “Son parte del ciclismo, pero esta vez no me tocó”.

Mientras Adam Yates, el doble ganador de Simon de la vuelta 18, gemía y luchaba por mantener la cola colgando demasiado, su compañero Dylan van Baarle aceleraba de cabeza con Roglic, y su bicicleta Richard Karapas, su casco dorado de campeón olímpico y su oro. brillaban los espejos, y Egan Bernal, los dos de Ineos, que en Picón Blanco, uno de los santuarios de landalismo, y Mikel Landa lo respeta, querrán mirar de cerca a Roglic, cara a cara, y también a Enric Mas y Superman López. O eso creen ellos.

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