Vivir en un piso compartido ya no es cosa de estudiantes.  Madrid

Vivir en un piso compartido ya no es cosa de estudiantes. Madrid

“Solo porque no puedo pagarlo”. Esta es la respuesta que da el periodista Iago Fernández a la pregunta de por qué no vive solo a los 40 años. Lo dice en un tono de derrota mezclado con una nota de indignación. Ahora paga 400 euros, además de los gastos, por una habitación en un piso en Karabanchel, donde vive con un amigo desde diciembre. Detrás de él están 15 años de compartir el hogar, que incluyen discusiones sobre la distribución de alimentos en los estantes del refrigerador, algo común a los 20 años pero insoportable a su edad. Por lo tanto, vive solo con conocidos.

Gana unos 1.500 euros mensuales netos, que proviene de su salario base y del trabajo extra que realiza. “Por supuesto, asumiendo que dedico más de 40 horas a la semana, por supuesto”, dice. Si agrega las facturas de servicios públicos, estima que gasta un tercio en vivienda, aproximadamente el 35%. Para él, pagar el alquiler solo es imposible.

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Yago podría ser un ejemplo típico para el Banco de España y más expertos que recomiendan limitar la tasa de cobertura salarial al 30% y nunca superar el 35%. Mantener un nivel óptimo de calidad de vida. “Nos sentimos privilegiados, aunque tuve que mudarme de Argansuela a Carabanchel para hacerlo posible”, dijo. Según el INE, en España 123.000 personas mayores de 45 años comparten piso alquilado sin parentesco familiar, y el 22% lo hace en Madrid, dada la dificultad de aceptar una renta completa.

Sandra vive con su madre y su hermanita en un apartamento en Leganés. Llegaron de Colombia a principios de 2020 como solicitantes de asilo. Esta familia gasta lo que no tiene para pagar 370 euros por la habitación en la que vive. Y no lo hacen, porque no entran casi en nada. Sandra se entrena como cajera suplente y su madre atiende a un anciano en el barrio cada dos días mientras esperan que se resuelvan sus solicitudes de protección internacional.

El salario medio mensual neto en la Comunidad es de 1783 euros, a julio de 2021, según datos de la Agencia Tributaria, a los que se suma el incremento del IPC. Una característica de la distribución salarial es la desigualdad: hay más trabajadores con salarios bajos que trabajadores con salarios altos, por lo que se puede esperar que más personas ganen menos que los de arriba. Con estos datos no hay barrio de la ciudad ni grandes arrabales, en los que se disponga de un piso de 70 metros cuadrados por 535 euros, el 30% del salario medio. Según el último informe del Banco de España, el coste de vida en las ciudades de Madrid y Barcelona es un 20% más alto que en el resto del país, y el precio del alquiler es un 82% más alto que la media.

Si Susanna, de 47 años, madre de una niña de dos años, no vive en una habitación alquilada es porque su hermano paga un año de alquiler de 580 euros por su piso de 30 metros cuadrados en Usera. Como ayudante de cocina en la escuela, fue una de las primeras en incorporarse a ERTE, que no recibió salario hasta julio. Fue al ayuntamiento a pedir ayuda y una trabajadora social le aconsejó que abandonara el apartamento: “Ve y piensa en mudarte a la misma habitación que tu hija”. Le debe más de 5.000 euros a su hermano, entre el alquiler y el coste del cuidado de los niños, “Sin él no podría seguir aquí, pero no es rico”, explica. Su salario mensual, devuelto al cargo, es de 960 euros.

Los costes de alquiler de habitaciones ya representan casi el 30% recomendado en zonas como Chamberí o Retiro en la capital, y están cerca de municipios como Pozuelo de Alarcón. El estrés económico de pagar la vivienda es el denominador común de las personas que trabajan a tiempo parcial o completo por 950 euros, el salario mínimo interprofesional (SMI).

Alejandro, de 42 años, invierte el 41,5% de su salario de 650 euros como limpiador para pagar 270 por su habitación en el distrito de Orcasitas

Alejandro, de 42 años, supera ese porcentaje: gasta el 41,5 por ciento de su salario de 650 euros como limpiador para pagar 270 por su habitación en el barrio de Orcasitas. Navegue el mes con la ayuda de las parroquias y los armarios del vecindario. Para Susanna, esto es aún más: de cada diez euros que gana, seis se lo comen alquilando su piso.

En la ciudad de Madrid, solo tres de cada diez hogares viven solos, según un estudio de la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo de 2019. Este documento revela algunas pistas sobre cómo se configuran los pisos compartidos en la capital, aunque los datos son de 2018. El informe municipal enfatiza entre los hogares con dos parejas el tipo de adulto con cuidador. Los apartamentos de tres habitaciones son los más utilizados por los estudiantes, y si hay cuatro o más, no suele haber conexión entre los inquilinos. Según la edad, según el informe, el grupo en el que más se divide es el de los menores de 25 años. Después de los 35 años, siete de cada diez hogares forman una familia, y luego el porcentaje disminuye, probablemente debido a la separación y el divorcio. Después de los 80 años, su número disminuye drásticamente y aumenta el número de personas que viven solas, siguiendo una cierta lógica de vida.

No hay contrato legal

Ni Alejandro ni Sandra han firmado un contrato legalmente válido, lo que los convierte en una herramienta de abuso e invisible para las estadísticas. Tienen un arrendador-inquilino, un arrendatario que les alquila las habitaciones y que no vive en la propiedad. En el caso de Sandra, la habitación de Leganés, donde vive con su madre y su hermana, es grande, 30 metros cuadrados, suficiente para dormir, pero “imposible estar ahí, no hay aire acondicionado ni ventilador”, dijo. Vivir con una pareja que vive en la segunda habitación del piso es cero y su hermana no puede usar la sala de estar. Su “contrato” es actualmente válido por seis meses.

Alejandro, en cambio, solo tiene uno en Orcasitas y le gustaría cambiar, pero su estabilidad emocional se lo impide. Se le reconoce como un grado de discapacidad, lo que le dificulta la socialización. Ha pedido ayuda en el ayuntamiento, pero su estatus no facilita las cosas. “Mi asistente social me dice que solo hay casas para familias”, explica. Su apartamento tiene cinco habitaciones: en una vive una pareja con tres hijos, uno de los cuales es un bebé. En otro, otro con una chica. Dos habitaciones más están ocupadas por personas solitarias como él. El espacio total es mínimo y los niveles de ruido son elevados día a día.

Volviendo a las estadísticas, en los últimos cinco años en la Comunidad de Madrid este tipo de vivienda, con dos o más hogares, ha aumentado un 40%. En Alejandro, hay 11 personas sin vínculo familiar, que viven en 55 metros cuadrados. Tocan cinco por cabeza.

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