Un informe revela abuso sexual organizado de menores en 18 escuelas de México

Un informe revela abuso sexual organizado de menores en 18 escuelas de México

Niños en camino de regreso al preescolar en Guanajuato.
Niños en camino de regreso al preescolar en Guanajuato.Luis Ramírez / EFE

Desde 2001, la Oficina para la Protección de los Derechos del Niño (ODI) ha abierto 18 escuelas donde ha tenido lugar el abuso sexual organizado de niños en siete estados mexicanos. Los menores describieron que los delitos, que se cometieron de manera visible y masiva en los centros, en ocasiones involucraron a los maestros, el director del campus, el personal de administración e incluso el hijo adolescente de uno de los maestros. El testimonio apunta a una serie de patrones delictivos marcados por «acciones organizadas entre varios adultos y realizadas de forma masiva en un campus escolar», dice el informe. Es un secreto sobre la explotación sexual de niños en las escuelas del país. La organización condena la falta de vigilancia, la falta de información para identificar los abusos y la impunidad en el país como las principales causas del problema y advierte que los casos documentados no son los únicos.

La ODI identificó 37 escuelas en México con «posibles coincidencias en patrones» de explotación sexual. De estos, solo 18 han podido obtener más detalles a través de los testimonios de niños de San Luis Potosí, Oaxaca, Morelos, Jalisco, México, Baja California y Ciudad de México, este último en la mayoría de los casos. Los patrones se ven en las consecuencias psicológicas que se ven en las víctimas, como comportamientos violentos, pesadillas, episodios de pánico en situaciones cotidianas o agresiones sexuales a hermanos pequeños.

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El informe señala que en algunas escuelas, los niños han identificado a un grupo de 10 personas como agresores directos, como sucedió en el preescolar público Andrés Oskoy en Iztapalapa. En este caso, un total de 30 niños fueron víctimas de violencia. Un grupo de menores describió haber sido atacado por más de un adulto a la vez. «Lo que vivieron los niños y niñas no es por varios agresores que coinciden en la misma escuela, sino por un grupo de personas que atacan a los estudiantes de manera coordinada y conjunta», dice el documento.

El caso más reciente es el de la guardería Idolina Gaona de Ruiz en Jalisco. En 2018, cuatro preescolares contaron cómo el alcalde las vistió de princesas, las tocó y les tomó fotos con su teléfono. Las autoridades vincularon al director de la escuela como cómplice. Ese mismo año, la ONU advirtió que había un aumento del 32% en los sitios web que contenían imágenes de abuso sexual infantil. Se agregaron un total de 103,000 portales con este contenido en solo un año.

«Aclarar lo que está sucediendo está más allá de las capacidades de ODI. «La investigación de un delito complejo requiere la actuación del Estado». La identificación de patrones delictivos en las escuelas muestra la «posibilidad» de que muchos niños en las escuelas preescolares y primarias sean «capturados y utilizados como lugares para cometer explotación sexual de niños en línea». La asociación cívica Infancia en Común estima que esta actividad genera hasta $ 24.000 millones al año, por encima de la venta de armas y justo por debajo del narcotráfico. En los primeros meses de la pandemia, el jefe de la unidad de inteligencia financiera, Santiago Nieto, anunció que había un aumento del 107% en la pornografía infantil en México.

Sin mecanismo de seguimiento en las escuelas, la organización denuncia que las autoridades escolares no reportan de inmediato los posibles abusos. Cuando se conocen los hechos, el Ministerio de Educación inicia una investigación interna sobre la denuncia por delitos graves, lo que dificulta «distinguir entre omisión y encubrimiento». Además, ni los padres ni los menores tienen la información y la capacitación para identificar el abuso sexual en el hogar cuando los niños han sido amenazados, y mucho menos experimentados.

La ODI señala que los mecanismos de impunidad pasan por una falta de coordinación de las autoridades, desde la policía hasta la fiscalía. Además, destacan que la fragmentación de la investigación imposibilita el esclarecimiento de los hechos. A pesar de la presencia de numerosos fiscales locales, las investigaciones «tratan cada caso como aislado e ignoran las acciones conjuntas y organizadas de los agresores adultos dentro de la investigación». Los investigadores también condenan la falta de experiencia y adecuación en los procesos para que las víctimas no vuelvan a sufrir el impacto del trauma. En otros casos, los menores fueron excluidos de la investigación.

En el caso de Iztapalapa, no se investigó el origen de los sospechosos ni se incautaron los equipos electrónicos para determinar si contenían pornografía infantil. El caso tomó cinco años para ver una decisión final después de pasar por cuatro jueces diferentes. El intendente fue sentenciado a 467 años de prisión, el director de la escuela a 88 años de prisión, el subdirector a 81 años, el asistente de servicio y mantenimiento a 36, ​​y ambos trabajadores sociales fueron condenados a 68 años cada uno. Sin embargo, diez años después de los hechos, los menores de la Escuela Andrés Oscoy no recibieron una indemnización «justa e integral» por los «graves daños causados ​​por seis funcionarios encargados de su protección y educación».

Las irregularidades se repitieron y en el caso de la escuela Laura Elena Arce Cavazos en México, solo una de las seis personas identificadas por la víctima fue condenada. En la escuela Tlatelli de Morelos, los abusos ocurrieron entre 2007 y 2018, pero las víctimas no recibieron justicia. Las investigaciones no están avanzadas, condena ODI.

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