Por qué el dinero saudí sale de compras por Europa | Negocios

Solo un país en el mundo lleva por nombre el de la dinastía dominante. Se trata de Arabia Saudí y el clan al que rinde semejante homenaje es el de los Saúd. Durante décadas, el petro-Estado ha vivido en una especie de nirvana gracias a la lluvia narcotizante en forma de millones de dólares que le proporcionaban las enormes reservas de petróleo sobre las que se asienta. Esa complacencia que otorga el dinero gratis degeneró en un régimen anclado en el pasado, con altas dosis de corrupción y burocracia. Mientras sus vecinos del Golfo (que no siempre amigos) como Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes o Baréin emprendían una diversificación de sus economías para reducir su dependencia de los combustible fósiles, Riad no movía ficha. Pero todo cambió en 2015. Ese año Salmán bin Abdulaziz accedió al trono saudí y poco después entregó las riendas del día a día en el reino del desierto a su hijo y príncipe heredero.

Mohamed bin Salmán, el verdadero poder fáctico de la actual casa de los Saúd, ha introducido pocos cambios sociales en un régimen que perpetúa las desigualdades, usa la represión sin límites contra la disidencia, margina a las mujeres y los homosexuales, y mantiene un visión religiosa ultraortodoxa. En cambio, la visión económica de este treintañero amante de la tecnología ha supuesto una revolución. Apoyado en una hoja de ruta denominada Vision 2030 quiere usar los petrodólares del país para adquirir participaciones en empresas occidentales. Una doble apuesta: por un lado, eliminar el riesgo de tener todos los huevos en una cesta llamada crudo; por otro, lavar la imagen del régimen con una nueva diplomacia del dinero. Debido al volumen de recursos que maneja y la mala reputación que arrastra el país, todas las inversiones que realiza causan un gran revuelo financiero y político.

En los últimos meses, Arabia Saudí ha acelerado sus maniobras para extender su influencia sobre activos estratégicos europeos en un significativo cambio del guion porque el reino siempre había tenido preferencia por Estados Unidos. Estos son algunos de los movimientos más llamativos.

  • El asalto a Heathrow. Bin Salmán quiere convertir Arabia Saudí en un destino turístico de primer nivel. Para conseguirlo, qué mejor que tener acceso a uno de los aeropuertos con más tráfico del mundo. A finales del pasado mes de noviembre el fondo soberano saudí —The Public Investment Fund (PIF)— compraba a Ferrovial un 10% del aeropuerto de Heathrow (el otro 15% que tenía la compañía de la familia Del Pino se lo quedó el fondo de capital riesgo francés Ardian). La operación conjunta, valorada en 2.700 millones de euros, llega en un momento de recuperación para el tráfico aéreo mundial tras el impacto que supuso la pandemia. PIF no será el único petro-Estado en el capital del aeropuerto londinense, donde ya está presente el fondo soberano de Qatar, además del vehículo inversor de Singapur.
  • Revuelo en Telefónica. Telecomunicaciones es otro de los sectores que tiene entre ceja y ceja el príncipe heredero. El mundo está enganchado a los dispositivos móviles y las telecos tienen acceso a datos e infraestructuras sensibles muchas veces relacionadas con cuestiones de Defensa. Con esta filosofía, la compañía estatal saudí, STC, daba un golpe de mano el pasado mes de septiembre: notificaba al mercado la adquisición del 4,9% del capital de Telefónica con la posibilidad de ampliar la participación otro 5% a través de la contratación de derivados financieros. La operación, valorada en 2.000 millones, causó un gran revuelo político, pero el Gobierno español tenía en ese momento las manos atadas al estar en funciones. Una vez pasado el trámite de la investidura, la respuesta del Ejecutivo no se ha hecho esperar: ha ordenado a la SEPI la adquisición de hasta el 10% de Telefónica para convertirse en el primer accionista.
  • Tras la estela de James Bond. El reino del desierto quiere desarrollar una industria automovilística propia en la costa oeste del país. Con esta premisa, los movimientos de su fondo soberano siguen la estela de los grandes fabricantes occidentales. PIF posee una participación del 21% en el capital del constructor de coches de lujo británico Aston Martin, mundialmente conocido por ser el deportivo del mundialmente famoso agente 007. Además, controla el 60% de las acciones del constructor de vehículos eléctricos estadounidense Lucid Group.
  • Goles milmillonarios. El fútbol es el deporte rey y una forma de marketing perfecta para un régimen en busca de reconocimiento exterior. La FIFA ya ha confirmado que Riad organizará el Mundial de 2034, y los saudíes llevan gastados miles de millones en atraer a su liga a futbolistas famosos como Cristiano Ronaldo, Neymar o Benzema, entre otros. Dentro de esta apuesta por el balón, PIF compró el Newcastle. La operación, que tuvo lugar en 2021, valoró el famoso club inglés en más de 300 millones de euros.
  • Una atalaya desde las torres. En 2022, un consorcio formado por PIF, KKR y Global Infrastructure Parnters llegó a un acuerdo con Vodafone para adquirir Vantage Towers, su negocio de torres de telecomunicaciones. Este sector es también estratégico y muy sensible para los gobiernos occidentales.
  • Un pie en la descarbonización. Arabia Saudí basa su riqueza en los combustibles fósiles, pero también piensa en un futuro sin hidrocarburos. Por eso fue muy significativo cuando el ex primer ministro británico Boris Johnson, anunció en 2021 la decisión de la firma química Saudi Basic Industries Corporation, propiedad de la petrolera estatal Saudi Aramco, de invertir 1.000 millones de euros en su planta de Teesside, al noreste del Reino Unido, para desarrollar nuevas tecnologías que permitan reducir las emisiones contaminantes.

Un gran fiasco llamado Credit Suisse

En otoño de 2022, el Saudi National Bank (SNB) pensó que poner dinero en una entidad centenaria como Credit Suisse era una apuesta segura. Por eso aportó 1.400 millones de francos en la ampliación de capital del banco suizo. Pocos meses después, en marzo de 2023, el castillo de naipes se vino definitivamente abajo. Y en parte el desencadenante fue el propio SNB. La crisis de los bancos regionales en EE UU hizo que los inversores pusieran en su diana a las entidades más débiles. Cuando se le preguntó al presidente de la firma saudí si podría más dinero en Credit Suisse lo negó rotundamente. Pocas semanas después, UBS se hizo con su rival a precio de saldo. 

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