LaLiga: fútbol y romance  Opinión

LaLiga: fútbol y romance Opinión

Lionel Messi, durante una rueda de prensa el 8 de agosto en Barcelona.
Lionel Messi, durante una rueda de prensa el 8 de agosto en Barcelona.Andreu Dalmau / EFE

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Crecí viendo el partido de Hulleras de Sabero, el equipo de la empresa minera de mi ciudad, que competía por pudor (muchos de los jugadores eran mineros) contra los grandes equipos de la región: Cultural Leonesa, Ponferradina, Salamanca .. ., y desde entonces mantengo este punto de romanticismo que me hace pensar que el fútbol es un deporte y un juego, no un negocio en manos de constructores y grupos de poder que no siempre se cuidan de seguir las reglas. Por eso simpatizo con aquellos clubes que están luchando contra los grandes, independientemente de la diferencia de presupuestos, y especialmente con aquellos con carreras heroicas como el Numancia de Soria o el Deportivo de La Coruña (que pasó de ganar la Liga al descenso a Segunda B ), que, después de elegir uno, elegí al único con vocación de bajar que conozco en un mundo donde todos quieren ganar: el Titanic de Laviana. Por el nombre del barco, que naufragó en el año de la creación del equipo, parece claro que lo suyo no es competir por grandes títulos …

Los que nos gusta el fútbol nos entristece cada vez más el grado de comercialización del juego, que ya no se rige por los principios del deporte, sino por los de la economía. Sabemos que el fútbol genera mucho dinero, que los jugadores son megaestrellas que ganan una verdadera riqueza y que hay muchos intereses ocultos detrás del juego, pero queremos seguir creyendo que al final la pelota es la que manda, no todos los que dirigen el negocio., algunos rostros descubiertos y otros moviendo hilos desde oficinas que no conocemos. El problema es que desde hace algún tiempo aquí (desde que la televisión empezó a controlar el juego), el fútbol se ha convertido en el vellón de oro, no de los aficionados corrientes, los que se divierten y sufren con sus equipos, sino de todos los especuladores y comerciantes del mundo que se ven en él como una forma fácil de ganar dinero y al mismo tiempo una plataforma para sus otros negocios, incluso para influir políticamente en su entorno. Nadie duda de que hoy un presidente de equipo tiene más poder que el gobierno y tiene agentes de futbolistas que transfieren más dinero que muchas multinacionales. El problema es que como en la pelicula Los hermanos Marx en Occidente, el negocio del fútbol se ha convertido en un tren cuyos vagones hay que quemar para seguir funcionando, y el combustible se ha vuelto escaso, en parte por la insaciabilidad de los que viajan en ese tren, en parte por la pandemia de Covid que interrumpió repentinamente las vías. Al igual que ocurre con el sector inmobiliario, la burbuja del fútbol estalló de repente y amenazó con dejar muchos cadáveres en la carretera, el primero de los cuales fue el del Barcelona, ​​que tuvo que dejar salir a su megaestrella Messi porque ya no podía pagar su sueldo. Todo apunta a que este no será el único club de fútbol al que le saltarán los puntos antes del estallido de una burbuja que todo el mundo sabía que pasaría porque el crecimiento eterno no existe. Ahora todo lo que tienes que hacer es quejarte y culpar al maestro armero de lo sucedido, que es lo mejor cuando la gallina de los huevos de oro deja de ponerlos. Para el fútbol, ​​se acabó la época del romanticismo.

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