Intel anuncia la ampliación de su fábrica de microchips en Israel para superar la dependencia estratégica de Asia | Economía

El edificio inteligente que sirve de sede a Intel en Petah Tikva, cerca de Tel Aviv, en diciembre de 2019.AMIR COHEN (REUTERS)

La apuesta de EE UU por la producción propia para superar la dependencia estratégica de China y otros países asiáticos en componentes críticos ha dado un paso adelante con la confirmación de que Intel invertirá un total de 25.000 millones de dólares en la ampliación de su fábrica de microprocesadores en Israel tras obtener 3.200 millones de dólares en incentivos del Gobierno de ese país. La confirmación se produce en plena guerra de Gaza, sin visos de terminar, según las autoridades hebreas.

El desembolso, que fue anunciado por el Gobierno israelí en junio y no confirmado por Intel hasta ahora, se destinará a la ampliación de la planta de fabricación de microchips de la tecnológica en Kiryat Gat, al sur de Tel Aviv (y solo 16 kilómetros al noreste de la Franja). Los incentivos ascienden al 12,8% de la inversión prevista por Intel y se satisfarán en varios años.

“El plan de ampliación del centro de Kiryat Gat es una parte importante de los esfuerzos de Intel por fomentar una cadena de suministro global más resistente, junto con las inversiones de fabricación en curso y las previstas en Europa y Estados Unidos”, declaró Intel el martes mediante un comunicado. En junio, la tecnológica anunció la construcción de una planta de fabricación de microprocesadores en Magdeburgo (Alemania oriental), con una inversión prevista de casi 33.000 millones de dólares (30.000 millones de euros) después de que el Gobierno de Berlín aceptase cubrir un tercio del desembolso total. La ampliación de la planta de Kiryat Gat representa la mayor inversión de una empresa internacional en la historia de Israel, según el primer ministro, Benjamín Netanyahu.

Pionero de los semiconductores, el mayor fabricante de circuitos integrados del mundo, según su cifra de negocio, está diversificando su producción fuera de Asia, la región hegemónica en el sector, para intentar recuperar su peso tecnológico tras verse superado por rivales como Nvidia y Taiwan Semiconductor Manufacturing.

El Gobierno israelí ha pedido a Intel que la planta de Kiryat Gat esté operativa en 2028 y se mantenga al menos hasta 2035. Intel también se ha comprometido a gastar 60.000 millones de shekels (16.600 millones de dólares) con proveedores israelíes durante la próxima década, creando miles de puestos de trabajo directos e indirectos. La empresa emplea actualmente a 11.700 personas en Israel y ha invertido más de 50.000 millones de dólares en ese país durante los últimos 50 años. Las obras de construcción de la ampliación ya están en marcha.

“Intel ha decidido aprobar una inversión sin precedentes de 25.000 millones de dólares y establecer su nueva fábrica aquí mismo, en Israel”, escribió este martes el ministro de Finanzas israelí, el ultraderechista Bezalel Smotrich, en la red social X (antes Twitter). “Esta inversión promete fomentar oportunidades de empleo de alta calidad con una elevada productividad en zonas remotas y contribuirá significativamente al crecimiento de la economía israelí”, añadió. Aunque el acuerdo entre Intel e Israel se conoce desde junio, la confirmación del proyecto es un alivio para el pesimismo que se proyectan sobre la economía israelí, con una contracción prevista del 2% por el desvío de recursos humanos a la guerra en Gaza -sectores tecnológicos y start ups se han visto especialmente drenados por la movilización militar-, así como por los empleos perdidos. Según un informe del Centro Taub de Estudios de Política Social, en octubre faltaba en el mercado laboral alrededor del 20% de la población activa israelí, frente al 3% de antes del comienzo de la ofensiva sobre la Franja.

Intel sostiene que el plan de ampliación de la planta de Kiryat Gat contribuirá a reforzar su capacidad de abastecerse de materiales y microchips en todo el mundo. La empresa está realizando grandes inversiones para reafirmar su posición como líder de la industria de semiconductores y dotar de mayor resistencia a las cadenas de suministro ante el aumento de las tensiones geopolíticas, como demuestra la crisis del mar Rojo provocada por la guerra de Gaza. En 2022 la tecnológica anunció que invertiría 20.000 millones de dólares en la construcción de dos nuevas plantas de fabricación de chips en Arizona, así como hasta 90.000 millones de dólares en nuevas fábricas europeas, la más importante de ellas la de Magdeburgo.

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