Eurocup: La selección nacional anuncia el regreso de la diversidad  Fútbol Eurocup 2021

Eurocup: La selección nacional anuncia el regreso de la diversidad Fútbol Eurocup 2021

Oyarzabal abraza a Unai Simon tras clasificar a semifinales.Kiril Kudryavtsev / AP

El sábado, la imagen dominó la mayoría de titulares de prensa: el abrazo de Mikel Ojarzabal con Unai Simon tras marcar el penalti que puso a España en las semifinales de la Eurocopa. Hace tres meses, el capitán de la Real Sociedad, Oyarzabal, engañó a Simón, el portero del Athletic, y asestó el golpe que trajo a su equipo la victoria en la final de Copa. Pocas rivalidades se notan más en el fútbol español. Viene de tan lejos y está impregnado de tantos barrios que el fútbol no logra definir al Atlético-Real Sociedad, o viceversa.

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Feroces oponentes celebraron esta noche con indescriptible entusiasmo el paso a las semifinales de Wembley, un momento feliz para el fútbol español, sometido a demasiadas decepciones en los últimos años. El resto del equipo se acurrucó alrededor de los dos jugadores vascos. Estuvieron presentes los que jugaron, los que no jugaron, y Adama Traore, que esta vez no apareció en la invitación. Algo en la celebración recordó a otro, más memorable en su significado, aunque similar al paisaje que pintó. En esta ocasión, hace 11 años, los jugadores atacaron a Iniesta para celebrar el gol más importante de la historia del fútbol español. En este Mundial, la selección nacional parecía una selección bien elegida, compacta en su juego y comportamiento, sin las grietas provocadas por un ego descontrolado y los problemas que inevitablemente registra el fútbol.

Era un gran equipo, dirigido por un hombre que era mucho más que un entrenador. Vicente del Bosque encarnaba en su persona una forma civilizada de entender el fútbol y su país. Al día siguiente de ganar el Mundial de Sudáfrica, todos los jugadores, sin excepción, recorrieron las calles de Madrid, donde una multitud los recibió con imparable alegría. Rara vez España ha gozado de tanta unanimidad. Parece que el fútbol ha abandonado todas las tentaciones irritantes y ha unido a todo un país.

El efecto Mourinho

Dos años más tarde, España ganó la Eurocopa 2012. Mantuvieron su última obra maestra, 4-0 contra Italia, para la final. Era difícil ver un equipo mejor, pero no hubo celebración masiva. Los jugadores tampoco celebraron su éxito en las calles de Madrid, ni quisieron hacerlo. Esta elección fue envenenada por la discordia.

Con muchas ganas, José Mourinho, entrenador del Real Madrid desde el verano de 2010, dedicó todos sus esfuerzos a sacudir el ambiente en la Selección. Su principal víctima fue Iker Casillas, capitán del Madrid y de la Selección. En el trofeo del Bernabéu, que se disputó en agosto de 2012, Mourinho dio minutos a todos, incluidos los jugadores que de ninguna manera volverían a vestir la camiseta del Madrid. Se los rechazó solo al capitán, a Casillas. ¿Su crimen? Prueba la armonía en la selección.

De estos episodios surgió una selección dividida, tensa y peor. No vale la pena hacer posible el futuro con el pasado, pero España nunca ha sido la misma en absoluto: eliminada en la primera ronda del Mundial de 2014 y en los octavos de final de la Eurocopa 2016 y del Mundial de 2018. Un triste balance para un país que de alguna manera reproduce los deterioros del panorama político español.

Si algo caracteriza esta elección es la diversidad. Es un país que incluye entre sus principales mitos futbolísticos vascos como Belaust y Zara, gallegos como Marcelinho, catalanes como Xavi, andaluces como Sergio Ramos y madrileños como Casillas. Los que tienen sentido de la herencia en España no deben olvidarlo, ni los que se encuentran en una rivalidad fanática. Esto no les pasó a Mikel Ojarzabal, Unai Simon y los otros jugadores que se habían apiñado encima de ellos. No era el verano de 2010, pero parecía la primera vez.

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