En Málaga, Picasso ya no reconocería su ciudad natal

Las brasas rojizas se acumulan en viejos botes de madera de colores en la playa en el distrito de El Palo de Málaga. Lo tradicional espetos Las sardinas, estos típicos pinchos que durante mucho tiempo han sido la imagen misma de la ciudad andaluza, situada en el extremo sur de España, se asan allí a la parrilla desprendiendo un olor fuerte y tentador. Este plato tradicional se remonta al siglo XIX.mi siglo, cuando el barrio, muy pobre, se desarrolla principalmente de la pesca.

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Sentados en la arena, a la hora de la puesta del sol, de espaldas a las viejas casas bajas, mucho tiempo en ruinas y cada vez más renovadas por compradores acomodados y en su mayoría extranjeros, los malagueños aún disfrutan de ella, mientras el mar mira. Turistas, expatriados europeos y otros nómadas digitales también. No hace mucho, encontramos unos por 2 euros. Ahora tenemos que contar el doble. Y más del triple si te acercas al centro de la ciudad, donde los turistas y los nuevos residentes han hecho subir los precios.

Cabaña habilitada con un pesquero para asar espetos de sardinas, el plato tradicional malagueño, el 29 de junio de 2023.
El barco de un pescador se utiliza para cocinar

Según el portal inmobiliario Fotocasa, los alquileres se dispararon un 31% entre enero de 2022 y enero de 2023 en la ciudad mediterránea -la mayor subida de España- y alcanzaron los 15 euros el metro cuadrado de media para los pisos modestos (17 euros en el Palo, 19 euros en el centro). Es cierto que el salario medio ha aumentado un 14% desde 2017, pero, a 18.100 euros al año, sigue siendo 3.000 euros por debajo de la media española. Demasiado bajo, de todos modos, para una ciudad cada vez más poblada, donde la oferta de viviendas continúa reduciéndose: el número de propiedades en alquiler ha caído un 27% en 2022.

“Terminaremos buscados en Torremolinos”

“Málaga está de moda”, resumen a los habitantes, como si eso fuera suficiente para explicar las transformaciones, los éxitos, pero también los males que sufre la ciudad. Como si también esperaran que, como todas las modas, ésta fuera pasajera.

“La gente se da cuenta de que vivimos en el mejor lugar del mundo, cree Paco Leal, hijo de pescador y ex florista de 77 años, frente a las fotos en blanco y negro colgadas en las paredes de la junta de vecinos, testimonio de un pasado pasado. Cuando nací aquí, solo había casas de madera. Ni siquiera teníamos agua corriente. Así que las sardinas a la brasa, era para no pasar hambre… Ahora todo es demasiado caro. »

“Han venido muchos extranjeros a instalarse en Palo. Muchos se involucran en el barrio, pero otros invierten en alojamiento turístico. Este dinero, el barrio no se beneficia, los negocios fermentan con el beneficio de los bares ruidosos. Terminaremos buscados en Torremolinos”lamenta Mercedes Pirez, presidenta de la asociación de vecinos de El Palo, en referencia al balneario masificado de la Costa del Sol.

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