Elecciones: Convención Constitucional Conjunta sobre un Nuevo Pacto Social en Chile  Opinión

Elecciones: Convención Constitucional Conjunta sobre un Nuevo Pacto Social en Chile Opinión

Un chileno participó en la votación para elegir a los redactores de la nueva constitución chilena.Esteban Félix / AP

Chile vive un momento histórico, es la frase que se ha repetido en los medios y redes sociales en los últimos días. Y es cierto que nos encontramos en esos momentos en los que, en el contexto de una crisis multidimensional, el curso de nuestra historia puede cambiar profundamente o tal vez seguir el patrón de desarrollo en el que hemos venido. Y esta sensación de vivir un momento histórico evoca una variedad de emociones donde prevalece la esperanza, luego de meses de rabia y resentimiento que movilizaron a miles de chilenos en 2019 para exigir un cambio profundo en el modelo de desarrollo y sistema político.

A pesar de que durante mucho tiempo la investigación política no incluyó el campo de las emociones -por considerarlas irracionales- varios intelectuales le han dado importancia en las últimas décadas. Robert Dahl (2006) afirma que el deseo de igualdad política es un prerrequisito clave para la democracia y la motivación de las personas para cambiar el status quo para lograr la igualdad política mencionada, abarca una amplia gama de emociones, altruismo, compasión, empatía y simpatía, incluso envidia, odio, rabia y resentimiento. Por tanto, las emociones tienen un papel respetado en la política. Martha Nussbaum (2014) preguntó por qué el amor es importante para la justicia. Señala que las emociones políticas, las hacia el público, son muy importantes para el desarrollo de las instituciones. Las emociones pueden servir de motor para la creación de instituciones justas y para su mejora. Además, cuando estos últimos encarnan las intuiciones y experiencias que transmiten las emociones positivas, facilitan la experimentación de esas mismas emociones.

Según una encuesta realizada por Ipsos y Espacio Público en marzo de 2021, el proceso compuesto evoca emociones positivas en la mayoría de la población, siendo la esperanza (52%) la que logra mayor asociación entre los encuestados, seguida de la alegría (46 %). En la misma línea, la académica Katya Araujo dijo que el resultado del plebiscito, a pesar de que la mitad de la lista electoral había votado, reflejaba una oleada de esperanza.

Y hay esperanza, porque por primera vez en nuestra historia redactaremos una constitución democrática e inclusiva, una convención constitucional que será conjunta, con escaños reservados a los pueblos indígenas y la participación de partidos políticos junto con independientes. Llegar a este punto fue un camino largo y no exento de dificultades. El actual proceso constitucional en Chile es el resultado de un amplio acuerdo social por el cambio constitucional, expresado en las luchas sociales desde 2006 y encontró su máxima expresión en octubre de 2019, cuando protestas masivas y actos de violencia paralizaron al país durante más de un mes. Este proceso también tiene un antecesor político. En 2016, el presidente Michel Bashelet llamó a la ciudadanía a establecer un proceso basado en el diálogo civil, que nos mostró la voluntad de participación ciudadana –más de 200.000 personas participaron en las discusiones– y una nueva agenda social que ya ha expresado el profundo cambio que vivir en. como un estado. Sin embargo, no se llegó a un acuerdo político por lo que estos diálogos civiles se trasladaron a un panel específico de discusión, y con el cambio de gobierno en 2018 se paró el proceso.

El amplio acuerdo político no cristalizó hasta noviembre de 2019 como resultado de las movilizaciones sociales de octubre de ese año. El acuerdo de paz y la nueva constitución fueron firmados por 11 de los 17 partidos representados en el Congreso, lo que permitió alcanzar el quórum de dos tercios requerido por la reforma constitucional para convocar un plebiscito sobre el cambio constitucional. La ciudadanía ha ratificado la vía democrática con una participación del 51% en el plebiscito constitucional de octubre de 2020, donde el 80% aprobó la redacción de una nueva constitución a través de una convención constitucional.

La incorporación de la convención constitucional fue la segunda batalla de las fuerzas sociales en el debate legislativo. La legitimidad del proceso fundacional se juega no solo en la selección de los convencionales, sino también en el hecho de que este organismo logre presentar la diversidad y la posibilidad de cambio, en la que se sustenta la esperanza. En marzo de 2020 se aprobó la legislación de paridad de la convención y en diciembre de 2020 se aprobó la ley de lugares reservados para los pueblos indígenas. Estas innovaciones democráticas son las nuevas reglas del juego que permiten la inclusión de nuevos participantes y esto se refleja en la gran cantidad de candidatos inscritos a la Convención Constitucional. Un estudio del Observatorio Nueva Constitución muestra que entre 1.468 candidatos a 155 escaños, hay una variedad de perfiles, donde el 77% de los candidatos no tiene experiencia política o social previa. Los programas presentados por los candidatos a convencionalistas incluyen una nueva agenda y es evidente que el debate está orientado hacia una sociedad más justa, democrática e inclusiva.

En ocasiones, antes de acudir a mi colegio electoral, me abruma la emoción de que por primera vez me encontraré frente a una papeleta que tendrá un equilibrio entre candidatas y candidatos masculinos. Y mis recuerdos vuelven de escuchar a mis abuelas contar sus historias de participación en el movimiento electoral a principios del siglo XX, cuando la solicitud era el derecho al voto. Escuche los recuerdos de mi madre y tías sobre la dictadura, la lucha por la reconstrucción democrática y el papel de la mujer en este proceso de expansión de nuestros derechos y libertades. Recuerdo cuando en 2006 nos pusimos el cinturón presidencial y fuimos con mi hija a celebrar en las calles el triunfo de la elección de la primera mujer presidenta de Chile. También estoy reflexionando sobre el trabajo que hemos realizado junto con líderes sociales y políticos sobre la ley de cuotas en 2015, en un gobierno liderado por Michel Bashelet, y sobre la paridad lograda en 2020 tras la movilización generalizada de organizaciones feministas y de mujeres. Y eso me llena de esperanza. Sabiendo también que los indígenas tendrán su propia papeleta verde y 17 escaños para presentar sus ideas y propuestas en la Convención Constitucional.

Lo distintivo y esencial en este proceso es que nosotros, los ciudadanos, debemos definir este futuro. En unos días sabremos quiénes serán las 155 personas que nos representarán. Los electores constituyentes serán desafiados a construir acuerdos sobre un nuevo pacto social donde puedan establecer mecanismos de participación ciudadana durante el debate sobre la constitución y la transparencia necesaria para restaurar la confianza. La democracia, como dice Martha Nussbaum, se construye con amor al bien, con la esperanza de un futuro mejor, como un muro contra el odio y la ira.

Pamela Figueroa Es doctora en Estudios Americanos, académica de la Universidad de Santiago (USACH) y coordinadora académica del Observatorio Nueva Constitución.

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