El gas y el crudo rusos fluyen aún bajo suelo ucranio dos años después de la invasión | Internacional

Es una paradoja cruel de la realpolitik. Ucrania continúa transfiriendo gas y petróleo ruso a la Unión Europea a través del gasoducto de tránsito por Ucrania y del oleoducto Druzhba. Mientras Rusia bombardea a diario sus ciudades y ocupa la quinta parte de su territorio, el gas y el crudo procedentes de Siberia, del mar Caspio y de los Urales sigue circulando por un país invadido rumbo a la UE.

A final de año expira el contrato que firmaron en 2019 las empresas estatales rusa y ucrania —Gazprom y Naftogaz, respectivamente— para el transporte del gas. Eran otros tiempos: la relación entre Moscú y Kiev era tirante —nunca dejó de serlo desde la anexión ilegal de Crimea por parte de Rusia en 2014—, pero aún había canales de comunicación. Hoy, con la invasión a gran escala desatada en 2022, el Gobierno ucranio no tiene intención alguna de renovar el acuerdo. Pero sí abre la puerta a que otros operadores europeos pacten directamente con Rusia el uso de su infraestructura.

La anomalía podría prolongarse más allá del 31 de diciembre, aunque Bruselas ya está mandando señales más o menos veladas de que su primera intención es dejar de recibir gas por esa vía, aunque eso suponga añadir un punto más de picante sobre el rompecabezas de varios Estados miembro a la hora de aprovisionarse de gas: Hungría, la República Checa, Eslovaquia, Austria e incluso Italia —la tercera economía del euro— continúan dependiendo del gas y petróleo ruso que llega a través de Ucrania.

A diferencia del crudo ruso que viaja por vía marítima, el que entra por oleoducto no está afectado por las sanciones con las que la UE trata de reducir los ingresos del Kremlin. En el caso del gas, las estrecheces de suministro —a pesar del milagro del gas natural licuado (GNL), el que llega por barco desde medio mundo— han llevado a la UE a evitar la vía de las sanciones. Por ahora.

También por Turquía

La paradoja ha querido que el Ukraine Transit sea hoy —junto con el Turkstream, que cruza Turquía y entra en suelo comunitario por Bulgaria y Rumania— el único gasoducto por el que fluye el combustible ruso con destino a la UE tras la voladura del icónico Nord Stream y el fin de los flujos a través del Yamal —que atraviesa Bielorrusia antes de llegar a Polonia—. La ucrania es, de hecho, la principal vía de entrada hoy: algo más 300 millones de metros cúbicos a la semana, la mitad que antes de la guerra, pero el doble que el año pasado.

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De mantenerse el actual ritmo de suministro, el gas ruso que atraviesa Ucrania sumaría algo más de 16 millardos de metros cúbicos (bcm) a lo largo de 2024. Una cifra importante —y, sobre todo, cargada de simbolismo—, pero pequeña sobre la demanda total que, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), rondará los 500 bcm este año. La mayor fuente de suministro será, un año más, el GNL: la herramienta que ha permitido a los Veintisiete salvar la bola de partido más compleja de toda su historia energética.

Un acuerdo millonario que Rusia no cumple

A cambio de poder usar el Ukraine Transit, Gazprom estipula un pago de 7.000 millones de dólares (6.460 millones de euros) a Naftogaz en cinco años. En el caso del petróleo, el trasiego de crudo ruso a través del oleoducto Druzhba supone un pago de 150 millones de dólares anuales (138 millones de euros) por parte de la rusa Transneft. Un contrato que, a diferencia del anterior, está en vigor hasta 2030.

Roman Nitsovich, director de estudios de la consultora ucrania Dixi, recuerda que la gasista rusa Gazprom no está cumpliendo íntegramente con los pagos acordados, argumentando que la circulación de gas es menor. En septiembre de 2022, medio año después del inicio de la invasión, Naftogaz abrió un proceso de arbitraje ante la Cámara de Comercio Internacional para reclamar el dinero pendiente.

Los gobiernos de Hungría y Eslovaquia —dependientes de la energía rusa y a donde llega el crudo del Druzhba— son también los más cercanos a Vladímir Putin. Interrumpir los envíos de petróleo ruso sería posible, aunque a riesgo de pagar un mayor precio por el producto y provocar un conflicto diplomático. Así sucedió en agosto de 2022, cuando Ukrtansnafta, que gestiona el Druzhba a su paso por Ucrania, cerró el grifo por diferencias con los pagos de la parte rusa. La situación se solventó a los pocos días, pero Hungría elevó el tono hasta el punto de que su primer ministro, Viktor Orbán, convocó de urgencia el Consejo de Defensa húngaro.

“Europa podría cubrir su demanda sin el gas ruso, tanto el que llega a través de Ucrania como el del Turkstream o el que llega por mar”, apunta Georg Zachmann, del centro de estudios Bruegel. “Para Eslovaquia, Austria, Hungría y la propia Ucrania, sin embargo, el fin del flujo por el Ukraine Transit obligaría a un reajuste y a asegurarse de que el gas licuado [GNL, el que viaja por barco] procesado en terminales marítimas lejanas les llega. Técnicamente es posible, pero probablemente llevaría a un coste mayor del gas en esos países y obligaría a una mayor destrucción de demanda”.

Coincide en ello Henning Gloystein, de la consultora de riesgos Eurasia, que cree que si la UE aún no ha renunciado al gas ruso que llega por tubo y por barco es porque quiere cerrar antes la actual temporada invernal. “Bruselas está jugando con el tiempo”, sentencia por correo electrónico. Como muchos otros analistas, Gloystein estaba convencido de que el trasiego de gas a través de Ucrania terminaría en las primeras semanas de la guerra. “Evidentemente, estábamos equivocados. En retrospectiva, Rusia quiere tanto mantener sus ingresos como evitar hacer daño a Orbán, que es su único apoyo en la UE. Y Ucrania parece interesada en seguir recibiendo los pagos rusos por el tránsito, que sorprendentemente ha seguido realizando incluso en plena invasión”.

Compromiso ucranio con la UE

Ucrania no quiere incumplir sus compromisos con los socios en la UE. Así lo remarcó el pasado octubre el presidente de Naftogaz, Oleksii Chernisov, cuando confirmó que su compañía no renovaría en 2024 el acuerdo con Gazprom para el suministro de gas a Europa. Chernisov reconoció entonces el dilema moral que supone la situación: “Las exportaciones de gas natural y de petróleo son unas de las principales armas de Rusia en su guerra contra Ucrania”.

Ucrania también está jurídicamente obligada a mantener estos contratos por varios vínculos legales. El primero y más importante, el Acuerdo de Asociación que aprobó la Rada (el Parlamento ucranio) en 2017. También por la legislación europea sobre el consumo de gas, a la que Ucrania está suscrita, según explica Nitsovich.

En mayo de 2023 salió a la luz que el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, había propuesto en una reunión con su cúpula militar el sabotaje del Druzhba, según informaron fuentes de los servicios de inteligencia estadounidenses a The Washington Post. El gasoducto Nordstream, que conecta Rusia con Alemania, era la principal vía de acceso del gas ruso a Europa hasta que un ataque terminó con su actividad en septiembre de 2022. La justicia alemana, danesa y sueca —además de los servicios de inteligencia estadounidenses— apuntan a que un equipo de las fuerzas especiales ucranias fue responsable del ataque.

El presidente de Naftogaz concedió también que dejar de depender del gas ruso por parte de la UE “requerirá tiempo”: “Todos reconocemos las limitaciones de capacidad y suministro, en especial, del GNL”. A finales de enero, el Consejo de Ministros ucranio informó de que, si bien el acuerdo no se renovará, la puerta a negociar con Estados miembros de la UE “el uso de las infraestructuras de transporte de gas” quedaba abierta. Nitsovich detalla que los protocolos del operador ucranio del gasoducto, GTSOU, permiten que una empresa europea contrate la red y que sea esta compañía la que negocie con la parte rusa.

100% producción nacional

Para los Veintisiete, la importancia de Ucrania en el plano energético —y, particularmente, en el gasista— va más allá del Ukraine Transit. Sus vastos almacenes subterráneos convierten a este país en una suerte de navaja suiza en tiempos de zozobra: aunque ahora —por razones obvias: ya no recibe gas ruso para consumo interno y acopio— están a un quinto de su capacidad, puede albergar bajo tierra tres veces más combustible que España o Polonia, por ejemplo. Un arma poderosa frente a futuros chantajes del Kremlin.

Todo esto llega en un momento histórico para Ucrania, en palabras de su primer ministro, Denis Shmihal, porque por primera vez, este enero, el consumo de gas del país ha pasado enteramente a ser de producción nacional. Naftogaz asegura que Ucrania, con las terceras mayores reservas de gas de Europa, tiene el objetivo de convertirse en exportador para colaborar en romper la dependencia europea del Kremlin.

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