El campeón Roglic arranca la Vuelta en rojo  deporte

El campeón Roglic arranca la Vuelta en rojo deporte

El esloveno Primos Roglic, ganador de la Vuelta para 2019 y 2020, en el escenario durante la presentación oficial de la Vuelta a España en 2021.Manu Bruck / EFE

Detrás de los ciclistas atónitos en el pórtico neoclásico de la catedral gótica, dos santos sobre un lienzo. El hombre ofrece las llaves del cielo; el otro, tal es la Iglesia, empuña una espada. O triunfo o muerte. O pelea o di adiós. En esta atmósfera, no hay duda de que Primos Roglic es un campeón, un guerrero que gana los cielos. Para él, las llaves y la espada. Para el campeón olímpico que nunca falla en España, la camiseta roja y la batalla en el prólogo de la Vuelta, que vuelve a ver, y ha pasado casi una década desde la aparición de las camisetas naranjas de la marca Euskaltel Euskadi. Mikel Landa los ve y su alma salta de alegría, su corazón, que cree que ha sido y será siempre naranja.

Las vallas publicitarias contaminan tanto las piedras; La música chirriante y atronadora es silenciosa, siempre ahogada, la música de Antonio José, el recuerdo del músico de 27 años asesinado a los 36, y toda la cultura, tan joven, 32 años y arrojada a una fosa común en Estepar. , se queda solo en un disco en la casa estrecha donde vivía, en la calle Sombrerería, a la vuelta de la catedral, fue invadida por ciclistas que, como Egan Bernal o Enrico Mas, padecían ruedas lenticulares, cabras, vati gogo en subida al castillo y adrenalina bajada sueñan con montañas. Más patines suben (8m 50s), Egan baja con cuidado (8m 59s). Nadie puede acercarse a Alex Aranburu (8m 38s), el guipuzcoano, que baja como ningún otro y a media tarde tiene que sentarse en el asiento caliente de los mejores y ahí se queda hasta la última salida, Roglic campeador (8m 32s).), A 50 la hora, que lo ahuyentó y comenzó la gira por España el día 21, como acababa la del 20, en rojo.

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Landa, con el rostro más afilado que nunca, sin más mejillas, perfil de águila, tal vez porque se sentía tan cómodo calentándose a la sombra con un chaleco inflable enchufado a un generador de aire frío, está tan fresco y todos se sienten como si se estuviera muriendo devastado. Burgos en una ola de calor africana, 37 grados en la meseta, llega apresuradamente a la catedral, se para en la rampa apenas 3 segundos antes de la hora programada, las 6:24 pm, y un perro lo cruza desafiante. Conduce con sensatez (9 m 11 s, 39 s detrás de Roglic a 7,1 km). Su día será diferente.

El obispo de Burgos, que es sobrino de Gabitsa, les da su bendición y sonríe feliz.

El ciclista de Murgia huye a Bahréin, pero su equipo lleva camisetas naranjas porque resucitó la fundación que lo apoya en 2018, y la presidió hasta hace unos meses, a la Unión Ciclista Internacional (UCI) .que no es derecho a postularse para un equipo y al mismo tiempo organizar otro que pueda igualar una competición. Como hacen ahora en la Vuelta por el regreso del equipo en el que Landa empezó a ser ciclista, primero en el filial Orbea, a los 19 años, y luego con los grandes, con la camiseta lo hicieron genial en la primera Década del siglo Laiseka, Mayo, Haimar Zubeldia, Samuel Sánchez, Igor Antón, Amets Txurruka y los Pirineos se pintaron de naranja cuando la gira fue a Tourmalet o Luz Ardiden.

Landa se incorporó al primer equipo en 2011, como último gran lote producido por el País Vasco, el de su amigo Pelo Bilbao, los hermanos Izagire y Jonathan Castroviejo. En 2013, cuando la generación Landa ya comenzaba a florecer, el presidente del equipo, Miguel Madariaga, se vio obligado a cerrar. No había suficientes ingresos para que el equipo profesional siguiera trabajando, explicó Madariaga, responsable de la Fundación Euscadi, entidad fundada en 1993 con más de 5.000 miembros y ayuda de diversos organismos públicos, de los que nació el equipo.

Las naranjas desaparecieron del pelotón en 2014. Los ciclistas triunfaron en los equipos que los contrataron, Sky, Movistar, Astana, Bahréin, pero Landa, un emigrante a su pesar, siempre sintió un pellizco en el ánimo, una llama anaranjada que volvía a encenderse y provocó un gran incendio, llamada de Madariaga en el otoño de 2017: Mikel, el antiguo presidente le dijo, ven y salva la fundación. Landa se arremangó, recibió el apoyo de Orbea y Etxeondo, se sacó dinero del bolsillo y la Fundación siguió adelante. Y un equipo ciclista para el pelotón profesional. En 2018 y 2019 en la categoría continental, tercera división. En 2020, el gran salto adelante. Vuelve Euskaltel, la compañía telefónica vasca. En la gestión y dirección, junto a Jesús Ezkurdia, gerente de Landa, trabajan ex corredores de la ex Euskaltel: Aitor Galdos, Jorge Azanza o Iñaki Isasi. Todo tiene sentido de continuidad. El equipo fue ascendido al segundo lugar. Solo por encima de ProTour. Ya tienes el nivel para ser invitado a los grandes. Vuelta del 21 es el primer paso. El próximo objetivo es la 23ª gira que partirá de Bilbao. Y una exigencia marcada por los viejos corredores de la época dorada para tener más corredores de la carrera vasca, tan prolífica. Porque, dicen, solo hay cuatro vascos en los ocho de la Vuelta, un murciano, un valenciano y dos veteranos andaluces, Juan José Lobato, de Trebugena, que dejó el viejo Euscaltel de todos modos, y Luis Ángel Mate de Marbella, que es, después de todo, la imagen de la marca Orbea, la marca de bicicletas.

El murciano Soto es el mejor equipo de Burgos, a 29 años de Roglic.

A pesar de que no puede ser presidente, Landa sigue retrasándose, regresando, sintiendo lo que le ha dado el equipo y siempre repitiendo que en caso de necesidad, siempre estará ahí para balancear las cuentas.

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